Latin America&Caribbean Energy Transition 2025 ESLA
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Sostenibilidad
Los países de ALC cuentan con algunos de los
sistemas energéticos más sostenibles del mundo.
Casi el 80 % de los países de la región clasificados en el
ETI obtienen una puntuación superior al promedio mundial
en sostenibilidad energética. Esto muestra la sólida base
que sostiene la generación de electricidad con bajas
emisiones de carbono, un uso moderado de la energía y
una menor intensidad de las emisiones en comparación
con las economías más industrializadas. Los avances en
eficiencia y electricidad limpia (sobre todo la procedente
de centrales hidroeléctricas y energías renovables) han
respaldado esta ventaja. En consecuencia, la cuota
promedio de las energías limpias en el consumo ha
aumentado un 21,4 % desde 2016, hasta alcanzar el
14,8 % en 2023.
La intensidad de las emisiones ha empezado a
deteriorarse recientemente y, aunque las puntuaciones
de intensidad energética han mejorado un 2,7 % en la
última década (la región consiguió mejorar la eficiencia
energética de 97,5 kgoe [kilogramos equivalentes
de petróleo] por cada mil dólares de PIB en 1990 a
86,8 kgoe en 2022), las mejoras quedaron muy por
debajo del progreso del 10,4 % observado en las
economías avanzadas.28 Además, aunque la electricidad
limpia se está expandiendo, su alcance en los sectores
de consumo final sigue siendo desigual. Los combustibles
fósiles siguen dominando el uso de la energía en el
transporte y la industria pesada, como también ocurre
a nivel mundial, y la mitigación del metano sigue siendo
una oportunidad infrautilizada (aunque algunos países
como Colombia han puesto en marcha estrategias de
reducción).29
Equidad
La región también ha logrado algunos avances en
equidad energética durante la última década, con
puntuaciones por dimensiones que han aumentado un
2,8 % desde 2016. En promedio, las puntuaciones de la
proporción de población rural con acceso a la electricidad
y de la población total con acceso a combustibles
limpios de cocción han aumentado un 9,4 % y un 4,6 %,
respectivamente, en los 10 años transcurridos hasta
2025. Esto refleja los progresos logrados para cerrar las
brechas de acceso en los países menos desarrollados
de América Central y los Andes. Sin embargo, aún hay
78 millones de personas sin acceso a tecnologías de
cocción limpia.30 Mientras tanto, las puntuaciones de los
precios de la electricidad y el gas se mantienen cerca
o por encima del promedio mundial en muchos países,
lo que significa que los precios para el usuario final son
relativamente asequibles, en gran parte debido a la
producción nacional y a los programas de subvenciones de larga duración.31 Aunque esto mitiga el impacto para
los hogares y las empresas, también sobrecarga las
finanzas públicas, distorsiona las señales de los precios
y aumenta la exposición a las crisis de precios, una
vulnerabilidad subrayada por la reciente volatilidad. Sin
embargo, existe una dinámica prometedora en la reforma
de las subvenciones a los combustibles fósiles, un factor
clave para la asequibilidad a largo plazo, la eficiencia y la
adopción de energías limpias. Desde 2016, la región ha
reducido las subvenciones a los combustibles fósiles en
casi un 42 % como porcentaje del PIB,32 hasta menos de
la mitad del promedio mundial (situándose entre el 0,6 % y
el 1,3 % del PIB de la región entre 2015 y 2021),33 lo cual
indica una mayor concordancia entre la equidad social y la
sostenibilidad fiscal.
Seguridad
La seguridad energética, que ha sido desde siempre
la dimensión con mejor puntuación de la región, se
ha estancado, pues solo ha aumentado un 0,2 % en la
última década y ahora se sitúa por debajo del promedio
mundial. Muchos de los países de la región obtienen
el beneficio de una generación diversificada y de una
dependencia relativamente baja de las importaciones de
energía, pero las debilidades estructurales amenazan la
fiabilidad y la resiliencia. Las pérdidas en TyD alcanzan
el 13,5 % en promedio, superando la media mundial del
10,2 %, debido al envejecimiento de las infraestructuras,
los problemas geográficos y, en algunos casos, las
pérdidas no técnicas.
En Brasil, las pérdidas técnicas representan el 8,3 %
del 10,7 % total que informó la Companhia Energética
de Minas Gerais (CEMIG) y, por naturaleza, son más
elevadas debido a la enorme longitud de las líneas de
transmisión que atraviesan el vasto territorio nacional.34
Estas ineficiencias de la red se ven agravadas por la
limitada flexibilidad del sistema. Se calcula que, solo en
2024, la región perdió 53 000 gigavatios-hora (GWh)
de generación de energía renovable debido al deslastre
de generación, lo que equivale al consumo anual de
electricidad de más de 10 millones de hogares.35
La congestión de la red, las elevadas pérdidas en TyD,
la escasa integración de la demanda y la reducción de la
flexibilidad (un 9,5 % menos en la última década) socavan
la integración de las energías renovables variables. Con
solo el 1 % del potencial solar, el 10 % del eólico y el 30 %
del hidroeléctrico aprovechado, la falta de nuevas líneas
de transmisión sigue siendo un importante obstáculo
para la ampliación de las energías renovables. En este
contexto, la inclusión del almacenamiento ofrece un doble
beneficio: reducir los costos de la energía al permitir una
nueva capacidad de energías renovables y optimizar la
capacidad de transporte de la red eléctrica.36
Tendencias en la preparación para la transición
Avances en materia de regulación
ALC ha realizado avances notables en la
implementación de las bases políticas para la
transición energética. En la última década, la región
mejoró en un 13,5 % las puntuaciones de regulaciones
y compromiso político. Casi la mitad de los países de la
región han adoptado compromisos de cero emisiones
netas, y países como Costa Rica (véase el caso de
estudio 4) y Brasil, que son líderes políticos, han puesto en
marcha estrategias energéticas y climáticas a largo plazo. Sin embargo, en promedio, los avances políticos se
han estancado en los últimos años, en particular en
áreas como la regulación de las energías renovables,
la eficiencia energética y la tarificación del carbono.
Los vacíos persistentes en la capacidad institucional, la
coordinación y la ejecución corren el riesgo de socavar
la credibilidad de los compromisos políticos relacionados
con la transición energética.
Preparación para la transición energética: América Latina y el Caribe
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